Me dejó
ciega lo inmundo de tu lejanía y lo divino de tu tacto
Con festín de quimeras nutres el vacío profano, tumbado
Suciamente virtuoso en el marco benévolo de tus labios
Rostro plácido surcado en recuerdos ya dejados
Varado en lo más vil de mis trazos destrozados
Estás volcado en lo sutil de mi agonía
Lo titilante de tus ojos termina en sinfonía
Si yo fuera amena, si tú fueras bestia
Apacible tormento acurrado en la soberanía inmerecida
Mezclas mi anatomía y frunces lo miserable
Barres ahí lo solitario, lo innombrable
Me descubres lo ínfimo y proclamas lo desgraciado
¿Para qué?.
Aléjate, desparrámate y huye de mis brazos
Que no te alcance la intención destructiva de mis lazos
Sonríes mudo y yo sigo la línea idílica de tus labios
Si supieras que ahí te desvaneces, que ahí te sostengo
Que ahí me aferro y lamento tu cárcel de pétalos negros
Lágrimas dulces veneran lo ensordecedor de tus latidos histéricos
Mi alma arrancó sollozando y tu carne enriqueció mis brazos
Extinguí la dicha, apresé energía, despaché alegrías
La muerte embelleció en tu rostro y suavizó lo avaro
Clavado en la pared de un corazón amordazado
En tu palma germinó mi llanto y en fragmentos destruí lo humano
Desfallezco y transcurro en sangre a la distorsión de tu regazo
Más soy eterna en el espejo de tu mirada que nunca quiebra
En la quietud caótica de tus párpados postrados
Con festín de quimeras nutres el vacío profano, tumbado
Suciamente virtuoso en el marco benévolo de tus labios
Rostro plácido surcado en recuerdos ya dejados
Varado en lo más vil de mis trazos destrozados
Estás volcado en lo sutil de mi agonía
Lo titilante de tus ojos termina en sinfonía
Si yo fuera amena, si tú fueras bestia
Apacible tormento acurrado en la soberanía inmerecida
Mezclas mi anatomía y frunces lo miserable
Barres ahí lo solitario, lo innombrable
Me descubres lo ínfimo y proclamas lo desgraciado
¿Para qué?.
Aléjate, desparrámate y huye de mis brazos
Que no te alcance la intención destructiva de mis lazos
Sonríes mudo y yo sigo la línea idílica de tus labios
Si supieras que ahí te desvaneces, que ahí te sostengo
Que ahí me aferro y lamento tu cárcel de pétalos negros
Lágrimas dulces veneran lo ensordecedor de tus latidos histéricos
Mi alma arrancó sollozando y tu carne enriqueció mis brazos
Extinguí la dicha, apresé energía, despaché alegrías
La muerte embelleció en tu rostro y suavizó lo avaro
Clavado en la pared de un corazón amordazado
En tu palma germinó mi llanto y en fragmentos destruí lo humano
Desfallezco y transcurro en sangre a la distorsión de tu regazo
Más soy eterna en el espejo de tu mirada que nunca quiebra
En la quietud caótica de tus párpados postrados
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